Marruecos es un destino sumamente pintoresco y exotico, que vale la pena visitar!

 

 

Desierto y Montañas 

Desde las dunas del Sáhara hasta los picos del Alto Atlas, Marruecos parece hecho a medida para los viajeros. Esta sublime franja norteafricana está alfombrada de paisajes líricos, como los vistosos tapices que se pueden comprar en las cooperativas locales. El Alto Atlas, el Rif, las cordilleras soleadas que llevan hasta los oasis del Sáhara... las montañas de Marruecos ofrecen placeres sencillos e indescriptibles: cielos nocturnos refulgentes y vistas sobre suaves bancos de nubes desde el paso de Tizi n’Test. En zonas más bajas se encuentran costas escarpadas, cascadas y cuevas en colinas boscosas, y el poderoso desierto.

 

Vida tradicional

Este terreno variado que moldea los sueños del viajero acoge las vidas de los bereberes, árabes y saharauis de Marruecos. A pesar de haber abrazado la modernidad, con carreteras que unen mezquitas y kasbas como modernos elementos del paisaje, los marroquíes siguen muy conectados con el medio ambiente. Los nómadas del sur, los “hombres azules”, moran en las ardientes extensiones del desierto ataviados con túnicas y turbantes, y con móviles en la mano. Asimismo, la vida tradicional pervive (con ciertas modificaciones) en las técnicas de los fabricantes de alfombras bereberes, en las cooperativas de dátiles, en la venta de especias de las medinas y en los pueblecitos de montaña y de puertos como Esauira.

 

Actividades marroquíes

Conocer a los marroquíes suele implicar sentarse en un café delante de un té a la menta. El truco está en darse el tiempo suficiente como para ver pasar el mundo acompañado de la gente del lugar mientras hay tanto por hacer: subir hasta el pico más alto del norte de África, aprender a preparar cuscús, ir en camello, comprar en los zocos, perderse por la medina y sudar en el hammam. Entre estas actividades, se puede dormir en los famosos riads, relajarse en grandes plazas y terrazas panorámicas o degustar tajín con aroma de azafrán y argán.

 

Antiguas medinas

A menudo exóticos, a veces empalagosos pero siempre sorprendentes, estos ancestrales centros urbanos rebosan de mística y frenesí: el complemento perfecto a la serenidad rural. Al llegar a una ciudad y unirse a la multitud, uno siente que está siguiendo una tradición centenaria de nómadas y comerciantes.La Unescoha declarado Patrimonio Mundial algunas medinas, incluida la de Fez, la ciudad islámica medieval activa más grande del mundo, y la carnavalesca Djemaa el-Fna de Marrakech. El atentado terrorista en la plaza en abril del 2011 fue un episodio trágico en su historia, pero no debería desalentar a los viajeros a recorrer este país cordial y tolerante.

 

 

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